13 de enero de 2026 - 1:17 PM
SALUD MENTAL | Artículo por psicóloga clínica Carolina Escobar
carolina@escobar.gt
La soledad no es simplemente “estar solo”. Todos podemos pasar tiempo en silencio y disfrutarlo, pero cuando la desconexión social se vuelve constante, empieza a dañar nuestra salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la soledad es un problema global que afecta a millones de personas y puede ser tan peligrosa como fumar o vivir con obesidad.
La soledad y el cuerpo
Cuando alguien se siente solo por mucho tiempo, su cuerpo lo resiente:
- El corazón sufre: aumenta el riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
- Las defensas bajan: el sistema inmunológico se debilita, lo que facilita que aparezcan infecciones.
- El desgaste físico se acumula: la falta de compañía puede generar cansancio y menor energía para cuidar de uno mismo.
Ejemplo cotidiano: una persona mayor que vive sola y no tiene con quién compartir sus rutinas puede descuidar su alimentación o dejar de asistir a controles médicos, aumentando riesgos físicos.
La soledad y las emociones
La desconexión social también afecta cómo nos sentimos:
- Ansiedad y depresión: la soledad es un detonante frecuente de estos trastornos.
- Sensación de vacío: la falta de vínculos significativos genera desesperanza y baja autoestima.
- Círculo vicioso: sentirse mal emocionalmente dificulta buscar nuevas relaciones, lo que profundiza el aislamiento.
Ejemplo cotidiano: un joven que se muda a otra ciudad y no logra hacer amigos puede sentirse atrapado en un ciclo de tristeza y aislamiento.
La soledad y la mente
El cerebro necesita interacción para mantenerse activo:
- Memoria y atención: la soledad prolongada acelera el deterioro cognitivo.
- Mayor riesgo de demencia: estudios muestran que quienes viven aislados tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.
- Menor estimulación: sin conversaciones, aprendizajes compartidos o actividades sociales, el cerebro pierde agilidad.
Ejemplo cotidiano: una persona que pasa días enteros sin hablar con nadie puede notar que le cuesta más recordar cosas simples o concentrarse en tareas.
¿Qué podemos hacer?
La OMS insiste en que las conexiones sociales son un factor protector clave. No se trata solo de tener compañía, sino de construir vínculos de calidad. Algunas acciones prácticas:
- Participar en actividades comunitarias o escolares.
- Mantener contacto regular con familiares y amigos, aunque sea por llamadas o mensajes.
- Promover espacios de encuentro en el trabajo o la comunidad.
- Buscar apoyo profesional cuando la soledad se convierte en un peso difícil de manejar.
La soledad nos deteriora física, emocional y cognitivamente, pero también nos recuerda la importancia de los vínculos humanos. Cuidar nuestras relaciones es cuidar nuestra salud. En BienEstar creemos que hablar de soledad es hablar de prevención, de comunidad y de esperanza. Conectar con otros es una medicina poderosa y accesible para todos.
