25 de agosto de 2026 - 7:00 AM
Por Jerson de León


En el marco de la celebración patronal en honor a San Bartolomé Apóstol, cada 24 de agosto, el historiador y vecino mazateco, profesor Elio Danilo Bolaños López, evoca los orígenes del municipio, el traslado de las efigies patronales y la importancia cultural de mantener vivas nuestras raíces.


Entre el resonar de los cohetes, el bullicio de los convites y el tradicional aroma a atol de elote y comida típica, la cabecera departamental de Suchitepéquez vive con fervor su feria patronal en honor a San Bartolomé Apóstol. Sin embargo, más allá de la fiesta y los juegos mecánicos, esta fecha representa el reencuentro de un pueblo con su memoria histórica y su fe.


En una entrevista concedida durante el desarrollo de las festividades agostinas, el reconocido historiador, educador y vecino mazateco, profesor Elio Danilo Bolaños López, compartió importantes pasajes que explican cómo Mazatenango se convirtió en el hogar del Santo Patrón y cómo la comunidad ha preservado su identidad a lo largo de los siglos.


De acuerdo con las explicaciones del profesor Danilo Bolaños, los orígenes del municipio se remontan a épocas prehispánicas, cuando el territorio era conocido por los habitantes originarios como Mazatgo, vocablo que se traduce como “Lugar de Venados”.


Con la llegada de los conquistadores españoles y las tropas aliadas tlaxcaltecas en el siglo XVI, el vocablo sufrió variaciones fonéticas hasta transformarse en el actual Mazatenango. Bajo el régimen colonial se estableció el patronazgo espiritual del apóstol, y la localidad pasó a ser conocida como San Bartolomé Mazatenango.


El éxodo desde El Zambo y los terremotos de Santa Marta


Uno de los aportes históricos más significativos narrados por Bolaños López es el origen de las sagradas imágenes que hoy se veneran en la parroquia catedral.


Originalmente, las imágenes religiosas se encontraban en la iglesia de la antigua finca El Zambo, ubicada en jurisdicción de San Francisco Zapotitlán.


Sin embargo, a raíz de la emergencia provocada por los terremotos de Santa Marta, en la década de 1770, varias efigies fueron trasladadas a Mazatenango para asegurar su resguardo.


Entre las piezas traídas desde El Zambo no solo figuraba la imagen de San Bartolomé Apóstol, sino también la de la Virgen de Candelaria y los Reyes de Cuyotenango.


El “Mero Mero” y el patrón de los forasteros


Un detalle curioso y de profundeo arraigo popular en Mazatenango es la existencia de dos esculturas principales del patrón:


1. El “San Bartolo Viejito” (Altar Mayor):

   Es la efigie histórica, tallada aproximadamente en el siglo XVII —hacia 1600—, elaborada en una sola pieza y con finos acabados en pan de oro.


Tras permanecer durante años con capas de pintura superpuestas, aplicadas en distintas épocas, fue restaurada profesionalmente y devuelta a su estado original. Por su valor histórico y antigüedad, permanece resguardada en el Altar Mayor de la Catedral.


2. El San Bartolo Procesional (“El de los Forasteros”):

   Es la efigie esculpida a inicios del siglo XX que sale a recorrer las calles en hombros de los devotos durante la alborada del 24 de agosto, las procesiones y las visitas a barrios y cantones.


Cariñosamente, la población la conoce como “el patrón de los forasteros”, por ser la imagen que sale al encuentro de visitantes y vecinos.


Gastronomía, familia e identidad: el mensaje a la comunidad


Durante la conversación, el profesor Danilo enfatizó que las celebraciones agostinas han evolucionado con los años. Antiguamente, estaban centradas en el comercio de ganado y pequeños mercados locales; hoy, el festejo abarca convites populares, eventos culturales y masivas alboradas.


Para el historiador mazateco, la fiesta patronal cumple una función fundamental: fortalecer la unidad familiar y la preservación de la identidad.


“Esta fiesta nos da la integridad y la unidad de la familia. Como son festividades populares, el pueblo comparte y asiste junto a sus tradiciones, desde reunirse a comer en las casas hasta preparar los platillos típicos. La gastronomía es base de la historia de cualquier pueblo, y un país sin historia ni tradiciones es un país sin identidad”, reflexionó el profesor Elio Danilo Bolaños.


Entre sones, aromas de la gastronomía tradicional y el fervor de su gente, Mazatenango revalida un año más su compromiso con la historia que lo vio nacer y con las tradiciones que dan vida a su pueblo.