10 de febrero de 2026 - 1:00 PM 
SALUD MENTAL | Artículo por psicóloga clínica Carolina Escobar 
carolina@escobar.gt

 

El clima no solo determina cómo nos vestimos o qué actividades realizamos; también influye en nuestra salud mental y física. La psicología ambiental y la biometeorología han demostrado que las variaciones en temperatura, luz solar y condiciones atmosféricas pueden modificar nuestro estado de ánimo, afectando desde la motivación hasta la estabilidad emocional. Además, el frío intenso y la humedad están vinculados con un aumento en enfermedades respiratorias, lo que refuerza la conexión entre cuerpo y mente. 


El impacto del clima en la salud mental 


Diversos estudios avalados por la ciencia confirman esta relación. Investigaciones publicadas en Frontiers in Public Health señalan que los cambios climáticos alteran nuestros ritmos biológicos y estados de ánimo, generando apatía, irritabilidad o incluso síntomas depresivos. Por su parte, la International Journal of Biometeorology ha documentado que los días fríos y nublados se asocian con mayor incidencia de depresión y ansiedad, así como un incremento en consultas médicas relacionadas con la salud mental. 


Algunos ejemplos concretos son 


Invierno prolongado en países nórdicos: La falta de luz solar durante meses incrementa los casos de Trastorno Afectivo Estacional (TAE), caracterizado por tristeza profunda, fatiga y dificultad para concentrarse. 


Climas fríos en regiones montañosas: En comunidades de altura, como las de Quetzaltenango, los días fríos y nublados suelen asociarse con menor motivación para actividades sociales y laborales, intensificando sentimientos de aislamiento. 


Clima frío y enfermedades respiratorias 


El frío no solo afecta nuestras emociones, también incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias como gripe, resfriados y bronquitis. Estudios médicos han demostrado que las bajas temperaturas favorecen la supervivencia de virus respiratorios y reducen la eficacia de las defensas inmunológicas. Este doble impacto —emocional y físico— genera un círculo complejo: el malestar físico puede intensificar la tristeza o la ansiedad, mientras que un estado emocional vulnerable puede disminuir la capacidad de recuperación ante la enfermedad. 


¿Por qué ocurre esto? 


El frío y la reducción de luz solar afectan la producción de serotonina y melatonina, neurotransmisores clave en la regulación del estado de ánimo y el sueño. Además, el encierro prolongado limita la interacción social y la actividad física, factores protectores de la salud mental. En paralelo, la exposición a bajas temperaturas debilita las vías respiratorias, haciéndolas más susceptibles a infecciones. 


Estrategias para gestionar mejor nuestras emociones y salud en tiempos de frío 


  • Exposición a la luz natural: Aprovechar las horas de sol, aunque sean breves, para caminar o realizar actividades al aire libre. 
  • Rutinas de movimiento: Incorporar ejercicio físico dentro de casa, como yoga o baile, para activar el cuerpo y liberar endorfinas. 
  • Conexión social: Programar encuentros virtuales o presenciales en espacios cálidos, evitando el aislamiento. 
  • Higiene del sueño: Mantener horarios regulares de descanso, apoyándose en lámparas de luz cálida o técnicas de relajación. 
  • Actividades creativas: Leer, pintar o escribir ayudan a canalizar emociones y mantener la mente activa. 


Prevención respiratoria: Abrigarse adecuadamente, ventilar los espacios cerrados y mantener una buena hidratación para proteger las vías respiratorias. 



El clima puede ser un desafío para nuestra salud emocional y física, pero también una oportunidad para fortalecer nuestra resiliencia. Reconocer cómo nos afecta y aplicar estrategias conscientes nos permite transformar los días fríos en momentos de autocuidado, creatividad y conexión. El invierno, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en un aliado para cultivar bienestar integral: cuerpo y mente en equilibrio.