16 de noviembre de 2021 - 12:00 PM
Por Yulisa Gutierrez


La humilde vivienda de la pareja de adultos mayores, está dentro del cementerio del Segundo Carrizal en la zona 3 de Huehuetenango, quienes aseguran temer más a los vivos que a los muertos.


Paredes inconclusas de block, lámina vieja, dos gatos, dos perros y el humo invadiendo la humilde vivienda, es el panorama en el que día a día los esposos Catarino López y Maximiliana García viven junto con su hijo Tomás, el lugar lo habitan desde hace más de 50 años, a donde llegaron a refugiarse tras huir de su natal Chiantla.




Con la mirada fija en los mausoleos, don Cata, como es conocido, a sus 82 años recuerda con nostalgia cómo huyeron debido al conflicto armado interno pues temían que la guerrilla o el ejército los matara, “de un lado o de otro, no perdonaban y gente inocente moría, aquí encontramos donde vivir en paz”, refiere.


El Comité del camposanto les permitió que edificaran su hogar a cambio de ser guardianes, por su edad avanzada y las enfermedades que padece, se le complica mucho hacer las rondas, recuerda que cuando llegaron, salía a la medianoche o de madrugada a recorrer los sectores “nunca vi ningún espanto o espíritu, al contrario, lo que he visto son vivos que hacen daño”, dijo.


Sentados en unas tablas en el ingreso de su humilde hogar, don Cata y doña Maximiliana ven pasar el día, en la pequeña cocina el maíz hierve mientras que su hijo Tomás de 40 años, quien padece una enfermedad mental, regresa llevando algunos jugos que vecinos les regalan y los comparte con sus padres para mitigar un poco el hambre, los Q400 que don Cata recibe mensualmente en el programa del adulto mayor es escaso ante las necesidades que tienen.




En las manos de ambos se evidencia el paso del tiempo, doña Maximiliana refiere que le gustaría tener un empleo para obtener más ingresos y no pasar tantas penas, pero la artritis que padece frena su anhelo y se aferra a la caridad de quienes llegan al cementerio o de grupos de ayuda social que en ocasiones les brindan alimentos para ir sobrellevando la situación.


“Antes yo lavaba ropa en las casas, me pagaban mis centavos y con eso ayudaba a mi esposo, tenemos otros seis hijos, pero ellos ya hicieron su vida y también pasan penas, entonces nosotros todos los días debemos ver qué conseguimos para comer”, asegura entre sonrisas.


La hora del almuerzo se acerca, unas tortillas, unos granos de sal y los jugos que les regalaron es el menú que la pareja y su hijo degustarán, no olvidan a sus mascotas a quienes les comparten un poco, cierran los ojos y elevan oraciones agradeciendo a Dios por los alimentos que por hoy lograron obtener. 


No tienen cuenta bancaria pero si alguien desea apoyarles, pueden comunicarse al teléfono 4912-9340, “ese mi teléfono ya está viejito pero medio me funciona, a veces oigo que llaman y a veces no, el oído me falla”, añadió entre sonrisas don Cata.