3 de junio de 2026 - 11:36 AM
Por La Redacción 


Bajo la consigna de atender las necesidades en aldeas que han sido olvidadas históricamente, el presidente Bernardo Arévalo junto a las autoridades del Ministerio de Comunicaciones asistieron al inicio de los trabajos de pavimentación en la aldea Calel, San Carlos Sija, Quetzaltenango.


Al empezar su discurso, el mandatario compartió que atender a aquellos que más lo necesitan no es ningún favor, es cumplir con una obligación para la cual fueron electos.




“Caminos, escuelas remozadas, puestos de salud con medicina, hospitales, financiamiento para los agricultores. Porque la única tarea de un gobierno es servirle a su pueblo”, señaló el mandatario.


Los trabajos de pavimentación

El proyecto de pavimentación que arrancaron este miércoles se localiza en una región predominantemente rural del altiplano occidental de Guatemala, compartida entre los departamentos de Totonicapán y Quetzaltenango.




La intervención transforma un camino de terracería en una carretera pavimentada con estándares superiores de capacidad, seguridad y servicio, constituyendo una obra de ampliación y mejoramiento de infraestructura vial rural, señaló el Gobierno.


Con la pavimentación de los 11.135 kilómetros del tramo se espera reducción de los costos de operación vehicular, disminución del tiempo de operación de la carga y de los usuarios, incremento de la competitividad de los productores agrícolas, mejora en acceso a servicios de atención, entre otros.




El proyecto contribuirá directamente al fortalecimiento de la economía rural de cuatro municipios y facilitará la integración productiva entre Totonicapán y Quetzaltenango.


Los trabajos de pavimentación se desarrollarán en la ruta rural CR-TOT-34, que conecta las aldeas Calel, Quetzaltenango y Pologua, Totonicapán beneficiando directamente a vecinos de Momostenango, San Bartolo Aguas Calientes, San Carlos Sija y Cabricán.



Autoridades de Gobernación Departamental señalaron que durante décadas, estos 11 kilómetros de terracería se volvían intransitables en invierno y generaban polvo y daños a la salud en verano. La mala condición de la ruta encarecía el transporte de productos agrícolas como papa, aguacate, durazno y hortalizas, afectando el ingreso de más de 11 mil 900 personas de la zona.